Baja Visibilidad (2014) — Poemario inédito

 BAJA VISIBILIDAD


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Hoc est ergo magnum signum, in cuius investigatione nonnulli

perierunt[1]

Rosarium Philosophorum


[1] (Este es el gran signo en cuya investigación no pocos perecieron)


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INTROITO

Se amasa la dificultad de la quietud

y es un carbón encendido el corazón en las manos.

Es imposible abandonar la esencia

y despertar de la pesadilla eterna de pertenecer

a un territorio enemigo.

Transformación que ocurre en el despedazarse,

en el morir antes que la muerte

y en el pasar descalzo por las brasas

que estaban ocultas en el viento del reloj.

Las coloraciones de la putrefacción hieden,

se configuran en un vientre desgarrado por la profundidad.

Se carga la matriz del abandono en la gestación de las culpas,

se pervierte un canto de sangre en la oscuridad.

Se perfora el rostro de las lágrimas con la venia del descenso

y el dolor mortal (su peso)

es algo que el humo no puede llevarse.


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I


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Cuando una ventana se abre desde lejos

se cuela el acopio del corazón

en la sombra de las sensaciones.

Desde todos los rincones de la vigilia

es visible el espacio acortándose

retrayéndose y registrando un deseo

nacido en las profundidades de la fiebre,

una marca visible en el aire que irremediablemente se escapa

para no volver a las estancias vacías

en que las dimensiones se tuercen y se anudan.

Soplo que es una función sencilla.

Máscara sensible que es voz.

Llaga alimentada por bestias sordas

sin que la fetidez alcance a extinguir la luz.

Huella reversible que el camino deja en los pies cansados,

presión extrema del alcance bajo el tiempo,

ramificación plegada en dirección única.

Perspectiva omitida:

la raíz del instrumento transparente dormido bajo las simas

prefija una longitud

que no es la del aliento.


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Descendientes de la ilusión perversa nos erguimos

antípodas por debajo de la tierra.

Corregida la discrepancia sólo queda

el calce perfecto con la propia sombra.

Producción de escape

a la pasada y a la vuelta de la muerte,

llave imposible del llamado

desde una sola de las vueltas de la rueda.

Rostro girado, marginado de la conducta del tiempo;

en planos centrados la fricción absurda,

engendro hilarante, corregido,

en esencia desvinculado del movimiento general.

Trazas de sangre y plata torcida,

sangre del hito que se enreda

con la tierra de nadie:

el arco tensado presupone una distancia

que no es tal.

Llaga del viento en los bancos de arena.

Para caer

antes hay que haberse elevado.


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En la respuesta a un gesto violento

se halla el secreto del descenso, la burla de las cámaras negras,

la búsqueda de un pedazo menos

de soledad,

mientras cada augurio es un recordatorio

de que no se anda a gatas sino que se repta

y de que cada esquina es un refugio para dejar de mirar

la obscenidad de la derrota

que nos besa como el piso en las mejillas

después de la caída.


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La necesaria mistificación define desde dónde

es menos agudo el ángulo de la soledad.

El esfuerzo constante por abrirse a los espacios resguardados

cancela

la nube quebrada que forman las convulsiones sobre el piso de tierra.

La inscripción de la que se huye perturba

agita

el significado depositado en el fondo:

el aliento

se confunde con la mirada,

el vaho nubla en la represión del frío

las áreas cálidas que parecen

el único refugio posible.


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La soledad muerde, clava los dientes.

Cuando se vuelve a sentir,

cuando la imagen se resta

de la emisión de la luz,

cuando la claridad mutila

la posibilidad del traspaso,

la llaga sin sangre miente su hendidura

ante los ojos incrédulos.


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El dolor del método es la carga pendiente,

tiene su manifestación en el vacío

y descansa en lo pleno:

llave de aire inalcanzable y desierta

(el aire siempre está desierto).

Línea compleja que reverdece en los labios que filtran

los balbuceos y los gritos de auxilio

(por sobre la precariedad se desfigura la sal).

Dardo cuidadosamente apuntado,

cargado con la dirección del daño;

resonancia del magma frío, tajadas múltiples

de hierbas magnéticas, hilo que permanece

y desconoce su fragmento; habla depurada,

contraestructurada,

redefinida por la anchura de la rueda:

clamor que se hace sólido,

que pasa por el aire desfigurando rostros.

Ralea famélica del destrozo,

trazo incinerado, continuidad

del punto muerto, estadio deslavado

conduciendo la pauta que se hunde en el desvelo,

en la desmesura permanente

que conduce a la flor perdida en la llegada.

Frágil misterio los vínculos del instante

fundido con los rastros de hielo del ángel de la huida

(uno más de los testimonios de la similaridad).

Respiración que presagia su nota cierta:

metal cálido del descanso que rompe la brecha al trazarla.

Herencia de asombro por la sombra que brota,

risa pálida que no crece sino que enmudece;

fragmento que de alguna manera se fija

en el punto ciego de los ojos.


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Sin pausa el peso de la mirada

entra en contacto con lo corrosivo de la segunda piel.

Se juega, en los segundos que le quedan,

sostener el hábito de dar de beber al cuerpo:

la posibilidad de que algo cambie

o se mantenga sujeto a la unidad de su sed.


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Singularidad del lodo como eje perfecto.

Ironía del hielo que busca su libertad deshaciéndose,

respirando a ciegas en la burla, en el hechizo

de sentir que se avanza en multitudes

cuando en el febril enredo se oculta

la realidad de la soledad que es el grito de los tiempos,

tiempos que son canales desbordados

en espera de un lugar mejor.

Identidad velada que se alza

dispuesta a romper su cielo, a atrapar

una voluta de luz que pasa y deforma

la espesa lentitud del humo.

Tierra somnolienta del reflejo

a espaldas de los elementos; sombras invertidas,

muertos que besan la cuna

sin necesitar respuesta.


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Soledad que se construye con la multitud alrededor.

Ninguna sed peor

que la del náufrago en mar abierto.


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II


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"big-ass truths wrapped in the hard shell of nonsensical abstraction"

Bob Dylan refiriéndose a Robert Johnson


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El opuesto del camino es el laberinto

      o sea

      la multiplicidad de los caminos.

El opuesto del camino es la estación

      pero la estación es a su vez

      un punto del camino.

El opuesto del camino es el caminante

      (casi exactamente opuesto)

      ya que el camino permanece inmóvil

      y el caminante en esencia

      es desplazamiento.


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Darse cuenta del vigor del ansia que llama a huir de la quietud,

fuera de las definiciones y de las siembras rudimentarias.

Al filo de unos pocos pasos

una trama subyace bajo la firmeza

de la sensación de alumbrado.

Entre las paredes crece el habla de las tormentas

y la baja influencia temporal

de los primeros atardeceres.

Llama insustituible que simula el peso de los elementos.

Fría meditación bajo las nubes del estiércol.


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Manos frías que eluden el sentido y que huyen

de su maternidad de movimiento.

Ligereza bajo la materia sobrante,

inermes brazos del rayo sin alcance.

Lámina sobrante de la materialidad

esclarecida por una boca sin lengua

que clama su ración de alfabeto.

Mérito sobrante a la hora de medir

cuándo dicen sólo los labios

y cuánto ha sido mordido por los oídos

sin que el código haya hecho su viaje.


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Imagen volcada, quebrada de la arena menguante

que sube por las curvas de la transparencia

hacia el origen de su descenso.


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Imposible describir el encuentro

que sólo halla camino en la expresión,

en el canto llagado del ciego de tacto,

aquel que palpa con los ojos

lo que sus manos no pueden ver.

Fijar un instante entre los dedos y no bajo la piel,

depositarlo en el punto de fuga del corazón,

hacer existir un centro allí

donde sólo hay dispersión; allí

donde sólo el agua habla del inmenso calor

y las flores no mueren porque aún no han nacido.


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Desde el borde los párpados borronean la bruma,

desdibujan la luz entumecida a saltos por el agua

que trata de asir la sal por su imperio.

Salvo que la siembra se torne sensación

para esculpir las llamas del vientre

la piedra de la escultura mantiene su forma

tras el derrumbe de los cinceles.


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Comparaciones inútiles que inducen al cierre del velo

cuando la Isla aún no ha terminado su danza

bajo las sombras del océano.

Descender adherido a la corteza brillante, expansiva

de un bastón que masca su balanceo,

que arroja su peso de reflejo

a las alfombras definitivas.

Tejido de piedra en la mano del alcance:

distintas huellas en los atisbos de lo pleno.

Malla que se vierte en los espejismos

atados por la sal en los huesos del desierto;

columnas lentas, arcos latentes,

todo visible en las estructuras del tiempo.

Respirar donde no existe un tono asible

ni las dimensiones son algo por hacer.

Tanta herrumbre para que el viento permanezca inoxidable,

tanto vuelo para que simplemente la estrella estalle

y en vez de luz

tengamos nada más que piedras preciosas.

Sólo un pedazo de cielo bajo el brazo

y no cientos sobre la cabeza donde se acumula el mareo.

Casi tiempo de destiempo las pisadas en la sal,

cristales de nubes que se pierden en la superficie;

cuerpos transitables, transigibles,

que hablan de una velocidad perdida

y de una quietud encontrada en los despojos.


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El árbol cae para incendiar las ventanas.

Manicomio oculto

que delata la sed de las piedras por una entrada

que no es una ni muchas.

Laberinto

que muerde

la venda de la justicia.

Mareo del olvido donde hallarse

es vomitarse

y la elevación no es posible

más que en un muro de cansancio.

Costra dura, consistencia

separando el precio que se paga.

A lo lejos burdos personajes

encallados en murallones quebrados

piden un alimento que no sacia.

Estrecho vínculo con la soledad

el abismo que devuelve la mirada.

Luz ciega de las lámparas bajo las alas del movimiento:

molde de las fauces

en que se enreda el hilo cautivo

que da paso al desmembramiento.

Figura de aumento

superpuesto a las estribaciones de los párpados.

El aire a cuestas que desconoce su esencia

su herencia de signos

en las señales de la luz vacía.

Perpetuo cuerpo momificado

mordido por la morbidez del tiempo

en inútiles espasmos;

los nervios, las figuras tovas

devueltas en un punto de avance

al paso de la marca reflejada

que es el peso de los cimientos.

Nula versión del cielo

en oposición al agua.

(La sangre robustece la herida.)

Esquirla profunda del beso cedido al viento

sin coherencia ni continuidad.

Lo indecible se carga con el peso de su silencio.

Lastre contrario

donde se pegan los cuerpos, las voces que irrumpen,

que arrastran el leve zumbido de la descomposición de los muertos.

Volumen que trasciende encendido la estrechez del aire.

Tensar la trama que se deshilacha.

Caminar con los pies dormidos.

Engendrar en el revés de la ropa

el revés de la piel.

Lo que se despedaza en el límite

es marca palpable del soplo.


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EL REVÉS DEL CUERPO

curvas lentas

nervaduras

carne ciega

ligamentos

signo del tiempo

  que abre los signos de la piel

el vidrio tenso articula

  la igualdad de las partes

la trama brilla muerta

los cortes

el reflejo de la mirada hendida

visión sin brillo

por fuera de las lenguas

  el temor del hielo

temor disparado

mover

remover

la prisión de la esencia

  escueta escuela de la movilidad

direcciones múltiples

rostro asociado a trazas

  a fragmentos de gestos

  a filamentos

rasgo desnudo que duplica

  que somete por la fuerza

  para que se haga real la espera

la sangre oculta

mutuo reconocimiento

  del sutil color de lo que se pudre

marcha opuesta

lo mecánico

la fuente iluminada

dar nombre al despertar que se escapa

  mientras se inicia desde la superficie

  el recorrido de las nervaduras

marea eléctrica que se induce

  que penetra los huesos

lustre de las manos que se agitan por dentro

pacto silencioso

movimientos bajo la envoltura que brota.

Pasaje que se termina.

Textura que enmudece.


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Sorber los elementos hacia una nueva proporción,

hacia una apariencia que registre el nivel de mudez;

saber leer y desestabilizar,

doblegar la restitución progresiva de la imagen

en todos sus sentidos

y en ninguno de ellos el aviso

del nacimiento de un nombre

sin cuerpo.


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LOS MUDOS


para mi amigo A. U.

en toda la profundidad del vínculo

y en reconocimiento a su obra homónima.


por encima de los rostros desiertos el anhelo


los rostros y las manos descabezadas enuncian un color

puesto a resguardo de los filos del aire


nada se traga en los llanos del desperdicio

ni reptan los cuerpos desarmados

a la siga de su encuentro con la edad y el destierro


sólo fragmentos avanzan por el aire

enrarecido por figuras transparentes

sólo dedos y gargantas desnudas de voz

bailan el baile de los fantasmas


un arco temeroso y llaves que no abren puertas

se mezclan con el cansancio y el desasosiego

y un límite que no es el cielo se estremece

bajo los apresurados cortes en el aire


cifras de mundos brotan por entre la velocidad

para alejarse del lugar respirable

manchas que se cuentan entre las agujas

invierten los abismos del miedo

que se incrustan en los ojos deshabitados


carne que se apresura a reflejarse

en la curvatura de los ojos

signos breves del aumento emergen

saboteando el viaje de la luz

hacia las cavidades del nombre


con toda la lentitud a cuestas se rebajan los miembros

los dedos queman la fricción de los recuerdos

el refugio resbala y cae desde el campo de batalla

una guerra descalza es ungida por la aridez

una matanza seca se hunde en el techo del cráneo

los oídos lerdos no se dejan convencer

de que lo que palpan es hambre y no memoria


huella violenta oculta en el espacio

exhumada por el tiempo y el movimiento

vigilia inagotable de la circulación aparente

éxtasis estático de voces sin gargantas

hablando el sueño final del brillo

de las estrellas que pasan sin despertar a los que duermen


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TABULA RASA


Divergencia principal que traba

  que enlentece la apertura de la vigilia.

Hambre entorpecida por la demencia de la saciedad ilimitada

cuando la carestía es un deber sin nombre

a la hora de acudir a las horas impuestas por el yugo nuevo,

por el espacio principal de la coherencia inexplicada.

Rasgo inerte que se suma contra lo manifiesto

y que rasga el velo sensible, el zumo extraído a la fuerza

por los responsables de nombrar a los verdugos hastiados de cordura.


Sombra perniciosa que masca su olvido de vidente

mientras el ciego no puede olvidar el humo que nunca ha visto, el humo

que le ha sido negado desde que le bañaron la luz en la cara

desde aquella corona inversa supuesta en los golpes y en la brutalidad.


La negativa ha calcado su secreto en los oídos del hambriento, donde

palmo a palmo,

ha avanzado hasta caer en los pozos de cera

que duermen bajo las velas del altar.

Los sellos de la angustia dejan su marca en lo que no les pertenece

porque lo que poseen yace en la evidencia de su peso:

las marcas que no se pueden abandonar son invisibles

desmienten el ritmo del corazón

y son delineadas por la fragilidad que se disemina

en las estrías de los vidrios víctimas de la mirada.


Con urgencia demonizada por los pruritos

el espasmo bajo domina las sienes de la multitud;

hallazgo silente de la masa demorada

entre hierbas y despojos atados por la velocidad a la que se

descomponen.

Señales de las que se ha adueñado la pulcritud

en lugar de hacer mermar la claridad

con el fin de arrojar los puños de una vez al barro.


Indicio mezclado de vientos, de confluencias despiertas

que dominan el encierro y la catapulta;

criaturas medrando en los biseles del sonido

ayudados por el aire desolado que pasa y se pierde entre canales

rudimentarios.

Signo de creer que el despertar está anclado a los párpados

y que un cese de las actividades puede conducir a la fatiga;

clavos retornando a sus tablas

  a su suelo abierto y su tormento,

llagas circulares que son hitos de la realidad y su desvelo,

comodidad disonante con el ruego, con el juego permisivo de la creencia

asociada a la acumulación; tributo impuesto al espíritu cada vez

que se reinstala la pena de vida

en un clamor hijo de la temperatura:

el crecimiento sin retorno de lo reversible.


Lento padecer, lento parecer; codo a codo con el tiempo

las muñecas hacen su trabajo de cáscara, de apariencia,

salvando así a las madres de un fruto que no les pertenece

y de un rasgo y un gesto cercanos a la mueca:

pervivir en las sombras de la cárcel cuádruple

asumiendo que cada canto será disuelto

que cada sombra será levantada

y que fuera de los hilos nada más será notorio en las celdas

a la espera de volver sobre sí el afuera de las manecillas.


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TESTIMONIO DE LA SUTIL CORRESPONDENCIA


Plazos impuestos para evitar el llanto.

Un peso que controla

la llamarada oculta en la aguja.

Entre dos hambres una cortina de humo viejo

que sólo el aliento es capaz de traspasar.

Soplo helado que acaricia los miembros:

rigor del frío que impide que el cuerpo caiga

y se transforme en una mancha indistinta en el piso.

Entre dos manos una cortina de huesos

que instala la fiebre en las carnes.

Un consuelo que se guarda

en el horizonte del tacto

se aleja huyendo de la luz enceguecedora.

Mantener la respiración

es un trabajo mal pagado,

es aferrarse a la ilusión de la atadura

es visión aletargada

es el amparo de la reducción

es orden prestado al lenguaje de los gestos;

juego mudo del habla

que se oculta en los rincones de la materia

esperando aparecer.

Plan elemental puesto a prueba en la mirada

que se sustrae a los ejes colindantes

en un intento de asfixia premeditada,

preconizada en los signos guturales.

Hundirse en la marea de lo informe,

poner a prueba los frenos

después de haber hecho el viaje

en un proceso que se fija en el cielo interno;

caer sin peso en las extremidades del aire

donde se abre el anhelo de presencia

donde se sostiene la mirada del abismo

donde falla el sustento de las columnas.

La belleza como animal en llamas que corre desbocado derribando,

cauterizando las heridas de haber habitado el tiempo

sin haberse detenido

en la distancia que simula ser recipiente,

sin haber dado con los murmullos

que cuentan la historia del viento.

Dos vertientes se suman,

confunden sus aguas

en la unidad abierta de los ojos.

Reflejos del colapso de una montaña sin cima

que espera al fondo de la gravedad

la llamada de las nubes.


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III


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"Ninguna vida nueva puede originarse, afirman los alquimistas,

si antes no se ha extinguido la vieja." [2]

Carl Gustav Jung


[2]  In quella parte del libro de la mia memoria, dinanzi a la quale

poco si potrebbe leggere, si trova una rubrica la quale dice: Incipit

vita nova.


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TEORÍA DEL ORIGEN


a mi padre


I

Bajo las nubes aparece un cielo inverso,

rumores de relieve se filtran por la superficie plana,

colinas musitadas emergen

haciendo rugir los ecos del agua.

Un sendero disparejo, encendido

distrae las esquivas formas,

distrae los equilibrios, las equivalencias;

una sola concavidad basta

para que se unan la primera y la última gota

en un juego perfecto de distinción y pérdida

(senderos que se trazan sobre la superficie del lago).

Un hambre feroz se apodera de lo oscuro,

lo durmiente es traspasado por la luz

para engendrar reflejo;

la carga del silencio es un traspasar de llamas,

tránsito de fuego que se dobla y se hunde

y que da origen a la costra dura,

a la corteza

que es la máscara del mundo.


II

Sabor único

que se transforma en todos los sabores;

aromas, olores que pueblan la trama

de un desierto donde las piedras caminan

y el aire respira su carga de sequedad y destierro;

basalto que aglutina los equinoccios abiertos:

rasgo lineal que completa

el filtro de la mirada,

el filo para separar, para traspasar

los nombres fetales en relación al culto

de la sed.

Mínima variación en el relieve

salvo en que los valles tienden a hundirse,

y luego que la ilusión de elevación

ha sido completada

los pájaros regurgitan el soplo helado

que anuncia el nacimiento de la nieve.


III

Labranza ilimitada,

una y otra vez el viento

que rompe la asfixia

(recuerdos de una voz todas las voces),

ligereza recién nacida de los nombres

en el rigor de su esencia;

la necesaria inmediatez para que rebrote

el ansia de disparar

en todas direcciones,

que lo cerrado se extienda

al abrazarse entre ellas las columnas;

manchones distribuidos,

una lenta dirección se insinúa:

múltiples apariciones presagian

el drama de la vida y la muerte.

Semilla que cae en el estiércol.


IV

Densidad creciente,

materia cómplice de sus mixturas,

sitio exacto para hacer coincidir

en un solo gesto interminable

la marea y las rocas,

la distancia futura que se pliega

para encontrarse con su doble

en el reverso del presente.

Duros metales que se enfrían hasta quedar frágiles

y quebrarse como hielo entre dientes

gracias a la menor

de las resistencias posibles:

sentidos que se sobreimprimen,

el grueso de la sonoridad se escapa,

disminuye la capacidad, la recepción

se acorta a medida que el viento aumenta,

deposición de los rostros recién nacidos,

germen depositado en la arquitectura de la lluvia,

fiebre constelada, dispersa

desde el equilibrio sigiloso,

y desde la esencia que es la única distancia

posible

el hielo se fragmenta

   se convierte en agua

               agua que corre

                    y se asienta;

                    terca costumbre de cubrir,

silenciosa siembra

para que germine la maternidad de la memoria

y el amor que se duplica instale su presencia

en un ojo que no mira.


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TEORÍA DE LA CLARIDAD


Los bordes no se adhieren

en correspondencia con el centro


Lavar las paredes

no es abolir su capacidad de separar


Sesgo del ingenio

con la belleza fuera de alcance


Materia quemada todas las nubes

las nubes que son piedras

al fondo del abismo del cielo


La precisión no es garantía

de profundidad; los ejes

dan sensación de centro


Presencia que es pura ilusión de cercanía

al reverso de la distancia insalvable


La transparencia de la noche

ampara a los fantasmas

en la estrechez de los reflejos


Nieve dispersa

Trazos que se proyectan

por los caminos

por la quietud de las formas

Nieve que es unidad activa


Freno cruzado el que inunda los ojos del que mira

Rasgo simple

en el centro del rostro


Virtud ciega del vidrio

Invención de la temperatura

El horno encadenado


Altísima adhesión

La altura sólo se alcanza

una vez


Distancia descompensada entre las cimas

Encuentro en el valle

sin que se distinga el templo de la cárcel


Proceso lleno de matices creer

No así el hambre


Al filo de mantener con vida

la clave de la tortura

Moverse es cubrir el principio de asfixia

Torcer las cuerdas del pulso


Maniatar la risa

Nudos tras nudos


Cubiertas por el barro primordial

las imágenes se mueren de frío


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TEORÍA DEL HAMBRE


Un pulso que actúa directamente

sobre la carga neutral de la agonía


Un rostro fijado a la blancura

perdiéndose en el acto del llamado


Una herencia entendida en carne

colgada junto a las hienas

en las extensiones del frío


Una llave rota en la cerradura

Vientres perdidos en la hinchazón

siempre a la espera de la fractura precisa

que abra en dos los caminos del calor


Cansancio envuelto en la tierra y su superficie

perfectamente aplanada

por el peso de los nombres


Rigor perdido cuando las copas vaciadas

hicieron ostentación de su sombra

en el vacío de la plenitud

Sombra de dientes hinchados atravesados por espinas

Sobras en caída desde el nudo de la boca

Silencio de la náusea vacía y el vómito negro

de pobres seres urdidos por puntadas de llanto

sin otro hilo que el de los propios huesos


Huellas que son vacío y rumores

Placas que son huecas y nidos

quebrados de tanto perder la forma


Muestra de lo que se atrapa con el disfraz de la voz

Mascadas de aire viciado

mantenido en secreto por la fragilidad de lo que se nombra


Forma imprecisa en la raíz

y reunida en las copas a la fuerza

Espasmos y dolor extenso

para que la rueda no pare de girar


Hasta el fondo de las huellas se expone el secreto

Selva seca bajo el cobijo del cielo

Suelo muerto sobre lo que queda del color


Prisión abierta de los mudos

Celdas amplias que se agotan de sus paredes

Memoria que funciona como un organismo helado

fundiéndose con la visión sin párpados


Presión que se abandona en las carnes

junto a los anhelos dejados atrás

Rasgo falso que se desploma junto al beso de la sed

sin una mirada que complete el rostro vejado


Mueca parcial

A medias el velo de su deformidad

Cicatriz que oculta un brillo

imposible de reprimir


Medida en que no sólo los cuerpos

son los que se degradan hasta desaparecer

Vestigios sutiles se leen en los ríos

de aquellos que subieron a los brazos del aire


Un vacío que no puede ser llenado

pero que se puede reproducir como una huella en yeso

(falsa plenitud que sólo engendra concavidad)


Columnas y pilares ciegos

Quietud visible el miedo que se cubre

para cortar las manos y sellar la boca


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ESTACIÓN GERMINAL


Desde el plano un elemento que resurge

una geometría que se desata

puebla los lugares con tiempos rotos

Figuras informes las olas despedazándose

viajando desde las separaciones hasta cubrir la tierra

Mínimas variaciones que se amplifican

para total desconcierto de lo cerrado

Tramas de lo abierto que se expanden

y resucitan las fisuras del sueño

Resonancias a suelo abierto

descolgándose del límite ligero

De súbito las nubes se deshojan entre las piedras

Prisiones remotas que brotan

que se remontan en jirones desde sus escondites

hacen evidente la finitud del cubrimiento

de la ausencia que se llora y se desangra

Lesiones serias y dolor

Presiones convergentes

Exactitud ciega del desplome

Visiones con la lentitud de despojos

que buscan reintegrarse y se arrastran por el terreno áspero

   (polvo o piedras de agua)

Material filoso distribuido

fundiéndose en extensiones sin fin

Trayecto escondido que se vuelca

se proyecta enunciando los golpes que se persiguen

que ajustan su rebelión germinal

desde el descenso inevitable a la coincidencia

de las muecas de la gravedad

Desplome de las llaves y el granito

Torsión del aire y de las nubes del presagio

Tramas de gravedad del elemento neutro que amenaza desde el silencio

la futura recolección y ensamblaje de signos sin sentido

Rudimentos vaciados para no constituir

para no confundir cielo y mar

    elevación y caída

    dispersión y anclaje

Traspaso directo para reconocer la sombra por primera vez nombrada

urdida en las hebras del fuego que retrocede

fundiéndose en claves y hermetismo

(fundamento que se plasma para recuperar el refugio perdido)

Lo que constituye deshecho

por fuerza escapa a la recolección

Perder los cimientos para recuperarlos integrados a un trazo fantasmal

Verticalidad dormida

fuera de alcance

Peso paralelo en las raíces del aire

Abismo imprevisto que no traga

sino que escupe amparado en el corrimiento del velo

El desatarse la clave

el signo de orden del imperio que es el sello del desastre

El anunciarse un conocimiento del abismo

abierto bajo el hilo flojo de la luz

Mirada gris

Cuerpos ausentes

Extensión restante bajo el flujo cubierto

de las escuetas declaraciones

Mirada marginal que ahuyenta el ritmo de los pájaros vueltos a nombrar

Desde lejos un cuerpo se aclara

Se desbaratan las plagas de la corteza

El árbol muta en área desierta

obstruye el viaje de la sal

Desde el aire las nubes vacías

registran el soplo encubierto de las masas

Vértices que se aproximan y se unen

en el invisible florecimiento del otoño.


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VERTICAL

  La locura del hielo.

  El centro. El sentido opuesto.

  Pátina elemental que se repite

  avanzando no sólo por la superficie.

  Por certero que sea el vuelo no puede

  abolir el aire.

  Reflejo de horizontalidad.

  Doble perdición.

  Mutualidad del arranque y del escape.

  Vigor de la visión confusa de la cohesión.

  Ilusión central del cielo.

  Sólo lo que el vientre es capaz de contener.

  Sólo lo que el viento es capaz de transmitir.

  Lentitud polvorienta del tiempo en la estrechez.

  Rapidez extrema (de apariencia instantánea) del tiempo en el espacio

  extenso.

  Lento fermento que crece.

  El desarraigo en la proliferación.

  Tremenda demencia del acero.

  Alteración externa de la trama.

  Espacio trémulo la sensación de la piel.

  Tiempo determinado de la inacción

  para inferir el sesgo del futuro.

  Ámbito minúsculo el clima de la herencia.

  Soplo minucioso desde la cima opuesta.

  Distancia que no da cuenta de la lejanía.

  Aparato pernicioso anunciando delicias.

  Eliminar la calculada dispersión del fuego.

  Comienzo rotando en la pálida adherencia

  que no es fruto de la presión.

  Anhelo desestimado y consumido.

  Una fragua la sustitución del frío.

  Alimento ligero para el traslado.

  Germen que no se levanta ni halla correspondencia.

  Masa infinitesimal que preludia una marcha distinta.

  Fusión parcial de los reflejos con la fuente.

  Hilo de luz que se distorsiona.

  Clamor que se resquebraja en sollozos de súplica.

  Hornos muertos que no alojan temperatura.

  Esquivo sentido del crecimiento finito

  recuerdo interminable como llave y cerrojo.

  Espacio de lentitud la sudoración del canto.

  Camino ampliado de los ojos que lamen el cantil.

  Arrojo de la demencia en la llama.

  Misterio que traga la concentración incierta

  el clavo consternado que se hunde y abre las constelaciones.

  Ángulo reverdecido por la colisión de las columnas.

  Ángulo retorcido en el disfraz de la huida.

  Condolencia de las dimensiones por la fuerza que se traspasa

  a ciegas por la materia densa del principio.

  Cruel ironía de la materia dispuesta.

  Falange que no articula la extensión

  de los pastos muertos.

  Atributos descentrables de la pulsión.

  Freno del ángulo colectivo que muta su esencia.

  Vuelo cuya dirección desaparece.

  Reconocimiento que se convierte en olvido.

  El drama real de los venenos perfectos.

  Hambre posible el color de la muerte subterránea

  al centro mismo del desborde.

  Sutileza del nudo para repetir y retener su miseria de control.

  Camino nublado por la transparencia.

  Claridad que ajusta la percepción y puede ser más oscura que la

  sombra.

  Largo hálito que es gestado en la conciencia del aparato.

  Sello muerto en la confluencia de la distancia.

  Letargo de la gracia en la llaga perenne que se sujeta a la

  permanencia.

  Trago de inercia la furia expresada en forma de vértigo colectivo.

  Completamente lo que se reanuda es parte del proceso de la rueda.

  Peso ingente de una asamblea totalmente muda

  que repasa sus dolores con devoción en espera de encontrar

  el ramo de hielo de los paraísos no nacidos.

  Párpados no llamados a dar a luz.

  Imprecisa dirección la llamada de las criaturas.

  Ejercicio de despertar el símbolo quebrado.

  Repliegue excedido hasta la desaparición.

  Perfecta síntesis el cortejo de las migajas migratorias.

  Lengua remota que remonta las gargantas secas.

  Relativa turbiedad de los nombres en la zona segura.

  Linealidad ideal por encima del horizonte de sucesos.

  Centralidad de la gota que por caer se convierte en corona.

  Separación del aire de su carga en el límite de la preconcepción

  arbitraria.

  Abolición de las reglas de la distancia en la agonía de la caída y la

  entrada.

  Pliegues sucesivos que resurgen desde la honda planicie.

  Desplazamiento destilado del destino

  en la creencia de la pérdida irreparable.

  Ligazón mantenida mientras nada cambie ni suceda

  lo que por diversos medios ha sido evitado.

  Un cambio de proyección en la mancha errada.

  Planta extraña que crece a destiempo.

  Gravedad subvertida que suma elementos a su peso.

  Elementos que revierten su naturaleza de generar compuestos.

  Rígidos renglones para medir hasta dónde se traspasa

  el registro de la tensión pendiente.

  Sostener la ira en medio del agotamiento.

  Propulsar el tacto hacia la seña cedida.

  Coincidir producto de la convergencia dada la luxación del tiempo.

  Postular una presencia sin miedo a las horas.

  Meticulosidad resurgiendo y renovándose

  desde la agonía de los vértices.

  Recuento de una perspectiva parcial.

  Mirada resonante que aplaza su llegada y su convergencia.

  De bruces en el misterio de la piel.

  Penumbras ociosas los ruidos de la vigilia.

  Colectivo aplastado por la singularidad.

  Realidades que son distorsiones adherentes

  distintas direcciones de movimiento.

  Luz que aprieta los ojos.

  Vida que es expulsada del soplo.

  Vínculos remotos de círculos frescos que reciben su primera carga.

  Nulidad concéntrica por sobre el doble espacio.

  Abismo interno como techo de salvación.

  Movimiento sin dirección clara amarrado al fundamento exterior.

  Lengua plana sujeta al filo refractario.

  Instante opuesto al plano particular.

  Movilidad cedida a los fragmentos y a la peste.

  Segmento acanalado que encaja

  construcción que filtra el espacio.

  Monumento permeable agrietando su emplazamiento.

  Relieve agotado que se destruye en la agitación.

  Sello que se vuelve contra la esencia

  instituyendo la parodia del proceso.

  Caverna mitificada que cumple a la perfección con su misión

  dependiendo del ángulo de la luz de las velas

  y las sombras líquidas que producen.

  Un depuesto misterio que no cesa.

  Una claridad que no cuaja por la vanidad que la consume.

  Escueta ventaja que se saca del amasijo.

  Estrecho vínculo en los términos del habla.

  Fervor que cuadra en los lindes del signo espléndido.

  Tensión que marca la dirección del brillo.

  Gradación de opacidad en el resplandor del acto bélico.

  Finalidad de la vuelta que se desprende del origen.

  Fugacidad que lesiona los miembros.

  Presencia que se condensa.

  Abyección que se sirve de la presión ejercida

  desde el lenguaje cometido como defensa ante el ultraje.

  Sentidos dispares que acortan el fuego que emerge desde la oquedad.

  Siempre el exterior disperso se conjuga en relación con el desecho.

  Deleite en el hecho de dejar un rastro

  para contravenir el designio de lo perecible.

  Dirección de belleza que continuamente es añadida a la perforación.

  Extraña consecuencia de la coherencia que se desgrana.

  Inquietud que muda de rostros hasta saturar la sangre.

  Multitud que se proyecta.

  Sólo puede concentrarse lo que tiene un grado de dispersión.

  Llaga colectiva presuponiendo el clandestinaje.

  Cadena y llave fundiéndose sin cerradura.

  Sensación que se yergue y se desprende.

  Reintensificación del hito sensible.

  Solamente pequeños momentos de plenitud.

  Germen asignado a la relación instintiva

  a la serie de nombres desde la visión.

  Audición que se transforma en la tensión del engaño.

  Torsión del registro que puede levantar en andas la desgracia.

  Grados y porciones que trazan la desproporción.

  Ingenio del que se es víctima en la estrechez de la celda.

  Incipiente nada de la que se es testigo en la vorágine de los cruces y

  los intercambios.

  Voracidad del reencuentro inscrito y sellado en la distancia.

  Intento reiterado de la falla que resurge desde la antesala del

  murmullo.

  Despliegue de interioridad que se conecta con el brillo de las

  luminarias.

  Fragmentación que termina en la locura.

  Expresión brusca que pende del hilo concentrado que pese a todo se

  deshilacha.

  Rigor y empeño de lo que surge de la fijación de la mirada.

  Plano que se turba y se agiganta al explicar el descenso.

  Presagios marchitos marcando la torrencialidad.

  Vigilancia que oprime a voluntad la claridad de las voluntades.

  Reciprocidad del humo que reposa en la expiración.

  Encandilamiento que envuelve las percepciones.

  Encadenamiento del lugar que se registra.

  Voluntad que se corroe desviando la complicidad.

  Naturaleza estimando los niveles de corrosión.

  Anuncio de prolongación de la llegada.

  Disminución progresiva de la emanación en los muros de la presencia.

  Extinción en expansión filtrándose por los últimos espacios vitales.

  Red inextinguible de relaciones que el ruido del desplazamiento

  consume.

  Singularidad objetiva del esfuerzo volcado en la coherencia inicial.

  Herencia que lentamente se consume en los signos errantes.

  Rasgo visible que se sumerge en el fundamento vacío de la materia.

  Transparencia falsa que se anula a sí misma

  sin anunciar un punto de llegada.

  Un mismo juego que diseña la partida.

  La suma final de las vestiduras acarrea el recuerdo de un nombre

  olvidado.

  Disfraz marchito un puñado de muerte seca.

  El vidrio blandiendo el ángel de la locura en sus extremos.

  Trama esquiva de la velocidad que anida en lo seco.

  Semilla marchita de las manos equivocadas.

  Equinoccios que son bocanadas.

  Irregularidad de la dentellada que trasciende el gesto.

Delirio frágil que corre el riesgo de caer en la cordura.


ABLUTIO [3]


[3] el invierno es una primavera secreta


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BAJA VISIBILIDAD


Nubes negras que presagian la ruptura del color

Una mera elaboración sin forma

en remedo de las miradas opuestas

Bajo la sensación de que algo se distingue

entre lo que germina en los escombros

Algo es vencido por el agua helada

Una noción se separa fingiendo restarse

al orden general

Lo que sigue hundido se traspasa bajo la superficie

separado de la turbiedad

Ondula en su desplazamiento

sin perturbar el limo del fondo

Distorsión extendida

Pérdida

Mancha anclada a la visión

Señales torcidas que atrapan en un vicio aparente

Columnas siempre inclinadas en las llagas

Presión lenta

Constelación precisa

El cielo oscuro desciende a vagar por la superficie

se cuela en las grietas frescas

prepara emboscadas en los intersticios profundos

Latencia cruel la comprensión

La transparencia confusa

determina que no se perciban las sutiles relaciones

Espejismo de una razón que comprende

Espejismo de horizontalidad

Las fracturas del espacio no son casuales

son signo del levantamiento

en la estrecha zona que se corta

Materia del germen

Proceso inverso que golpea

para que el significado se extraiga

y se manifieste la visión de la gota

que traspasa el filtro

Magnitud de la fuerza

que no tiene posibilidad de actuar

de afectar aquello que no integra

Rechazo vertical

Las bases tiemblan

El eje se sacude

Las aguas retroceden dando tumbos

Las voces se apoderan de los dedos

y los hacen levantarse y retorcerse

Intento de dejar un signo

Algo incomprensible para que la esencia se muestre

Sin vencer a la velocidad

sin disminuir la marcha

El beso eterno de la plenitud

es una caricia en el vacío.


© Alevi Peña, 2014

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