Sobre Zurita (2012) - Ensayo

Raúl Zurita es uno de los poetas más destacados de la tradición chilena de la segunda mitad del siglo XX, y se intentará mostrar con este breve ensayo el por qué esto es así, y por qué no es exagerado decir que uno de los más importantes poetas en lengua española del mismo período, con una obra cuyos alcances llegan con fuerza también fuera del mundo hispanoparlante a través de numerosas traducciones a otros idiomas. Entre ellas destaca la edición en inglés, publicada en 2011 por la University of California Press, de su libro Purgatorio (1979), uno de los libros más influyentes de los últimos 30 años en la poesía hispanoamericana. La publicación de este libro fue precedida, en el año 1975, por la de la revista Manuscritos -editada por el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile-, la que incluyó el poema de Zurita Áreas Verdes. Esta publicación le valió una elogiosa crítica por parte de Ignacio Valente en El Mercurio. El hecho sin duda contribuyó a que los ojos del mundo literario chileno se volvieran sobre la obra del hasta entonces desconocido poeta, pero esto no debe ser considerado como la única causa de la irrupción de la figura de Zurita en el panorama poético nacional de la época. Purgatorio (que sin duda paga su deuda con La Nueva Novela de Juan Luis Martínez, aparecida dos años antes, en 1977) marcó un antes y un después debido a su extrañeza, a su potencia, a su estética fragmentaria sin pérdida de cohesión expresiva, a la precisión en la inclusión de dispositivos visuales, pero sobre todo a su poética manifestada desde el dolor y el hundimiento, desde la humillación y el desgarro, condiciones humanas que imperaban en la época de la dictadura que fue el crisol desde donde emergió esta obra. "Purgatorio es un libro, pero también la marca de mi mejilla, un tránsito literario, pero también un tiempo concreto de vida... es mi tránsito por la experiencia de lo precario y doloroso...", declaró el autor a María Eugenia Brito en 1981*. Junto a lo dicho, se establece además una deliberada poética de la identificación del hombre con la obra, en la que el propio autor se transforma en el soporte sobre el cual se plasma la escritura y la no-escritura. Un ejemplo patente de esto es la sección El desierto de Atacama, un canto expansivo y a la vez tremendamente íntimo; una paradoja en que el tránsito doloroso toma una dimensión épica, renovando el lenguaje nerudiano:

I*

 A LAS INMACULADAS LLANURAS

                                  i.  Dejemos pasar el infinito del Desierto de Atacama

                                    ii. Dejemos pasar la esterilidad de estos desiertos


                                    Para que desde las piernas abiertas de mi madre se

                                    levante una Plegaria que se cruce con el infinito del

                                    Desierto de Atacama y mi madre no sea entonces sino

                                    un punto de encuentro en el camino

 

                                    iii. Yo mismo seré entonces una Plegaria encontrada

                                         en el camino

 

                                    iv. Yo mismo seré las piernas abiertas de mi madre

 

                                    Para cuando vean alzarse ante sus ojos los desolados

                                    paisajes del Desierto de Atacama mi madre se concentre

                                    en gotas de agua y sea la primera lluvia en el desierto

 

                                    v.  Entonces veremos aparecer el Infinito del Desierto

 

                                    vi. Dando vueltas desde sí mismo hasta dar con las piernas

                                         de mi madre

 

                                    vii. Entonces sobre el vacío del mundo   se abrirá

                                         completamente el verdor infinito del Desierto de

                                         Atacama

Zurita emerge con una voz propia desde las influencias, y establece un puente simbólico entre su propia experiencia dolorosa y la de todos, desdibujando así el límite autor-obra-lector. En la lectura se forja una unidad con el poema, y a través de éste con su autor; un lazo fuerte y conmovedor que se expresa en las palabras del ex poeta José Angel Cuevas a propósito de su lectura de Purgatorio: "Sentí un estremecimiento, sentí que había cambiado para siempre la poesía chilena, que miles de egos, ellos, piezas oscuras, piezas claras, quedaban atrás. Pero más que nada, se volvía a rehacer un País que estaba destrozado, que ya podía reencontrarse con su textura, sus pastorales, playas, desiertos infinitos. Eso lo vi nítido. El país que quedó hecho pedazos el 73. Fue como volver a revivir después de una larga pena." Ahora bien, es necesario decir que la recepción del libro no fue unánimemente positiva, generando también escozor y rechazo, sobre todo en los círculos más conservadores y, por qué no decirlo, ligados a la dictadura. A Zurita, entre otras cosas, se le tildó de loco, y Valente, que elogió el libro pese a que se le presionó a que no lo hiciera, igualmente cuestionó las intervenciones visuales del libro, sobre todo los encefalogramas. Pese a esto, la buena recepción de la obra primó sobre las críticas negativas, e instaló a su autor en un sitial de importancia contando con 29 años. La relación con el paisaje, otro de los grandes temas de Zurita, emerge con fuerza en Purgatorio, y se manifestará en casi todas las obras posteriores del autor, junto con el dolor y la renovación por el dolor. Otro elemento importante que también subyace a esta obra y a las posteriores, y que se lee en muchos de sus títulos, es la relación con la Divina Commedia de Dante Alighieri.  Zurita hace su propio viaje dantesco por los infiernos de la dictadura (fue detenido y torturado como muchos chilenos en esa época) hasta llegar a su purgatorio, el cual escribe; luego se detiene en el anteparaíso y llega a la vida nueva, en una relectura fecunda de la obra de Dante, la cual se funde con los elementos del paisaje y del dolor, pero sin nunca alcanzar el ansiado paraíso. Este viaje poético se hará más claro al irse adentrando en la obra de Zurita. Purgatorio es una obra de grandes alcances y de tremenda influencia, y su análisis sin duda merece una mayor extensión y profundidad de la que es posible hacer aquí.

Paralelamente a su labor estrictamente escritural, Zurita participó activamente del CADA (Colectivo de Acciones de Arte, el cual integraron, entre otros, Carlos Leppe y Diamela Eltit), movimiento surgido, al igual que Purgatorio, en 1979. Acciones radicales como quemar su mejilla con un fierro candente, arrojarse amoniaco a los ojos, o masturbarse frente a una pintura de Juan Dávila en la galería CAL de Santiago en una acción titulada No puedo más, quedaron inscritas en el inconsciente colectivo de muchos, y son recordadas hasta hoy asociadas a Zurita y al estado de rabia, dolor e impotencia que generaba en muchos la dictadura en Chile. Se trababa de una manera de expresar ese dolor colectivo contenido y reprimido por el poder. Y he aquí que emerge otro aspecto importante del poeta: el haber desdibujado hasta el extremo el límite entre obra y autor, entre vida pública y vida privada. Sobre esto se profundizará más adelante, sobre todo a propósito de su último libro. Luego de su actividad con el CADA, Zurita viaja a Nueva York, y en 1982 realiza una nueva acción de arte, esta vez vinculada directamente con la palabra escrita: traza sobre el cielo de Nueva York, con un avión, el poema La Vida Nueva, acción que es registrada en video por Juan Downey. El mismo año aparece su segundo libro: Anteparaíso. Del título se desprende nuevamente la relación con Dante; esta vez no es el purgatorio ni el paraíso el lugar de detención, es un punto intermedio en el cual sólo desde el dolor puede germinar el vislumbre del paraíso. Se canta a la posibilidad de un paraíso desde el hundimiento máximo, desde la oscuridad espesa y desde el desgarro, es decir desde contexto dictatorial represivo que se vivía en Chile:

PASTORAL* 

Chile entero es un desierto

sus llanuras se han mudado y sus ríos

están más secos que las piedras

No hay un alma que camine por sus calles

y sólo los malos

parecieran estar en todas partes

 

¡Ah si tan sólo tú tendieras tus brazos

las rocas se derretirían al verte!

 En este libro los dispositivos visuales nuevamente toman un lugar importante, pero de una manera distinta: son los fotogramas del registro de La Vida Nueva trazados en el cielo de Nueva York los que articulan el texto del poema, el cual se desarrolla en su mayor parte, al igual que las secciones El Desierto de Atacama  y Áreas Verdes de Purgatorio, en una estructura definida, formada por versos numerados intercalados por estrofas breves. Dicha estructurá, que predomina en Anteparaíso, se mantendrá en varios libros posteriores de Zurita, lo que va generando una unidad formal cohesionada que produce en el lector, a través de la repetición, una mayor profundización y vivencia de la carga poética y dell significado de la obra, tanto en su dimensión individual (libros) como total (cuerpo de obra). Se desarrolla una especie de canto y letanía profundamente emotiva y conmovedora, en la que el hablante parece hablar no sólo desde sí mismo, sino desde todos los ámbitos de la existencia; él mismo se convierte en Dios, en Chile, en el paisaje, en hombres y mujeres, y habla y canta desde todos los rincones y se funde con los personajes y paisajes que habita. Esta es una de las cualidades esenciales de la obra completa de Zurita, que se manifiesta por primera vez en Purgatorio, y que viene a consolidarse en Anteparaíso, dándole a su escritura un tono completamente nuevo y renovador, pese a la habitual comparación con Neruda y Withman y la escritura bíblica. De hecho Zurita se sirve abiertamente de estas influencias sin desconocerlas; él opta por abrazarlas e integrarlas en su propio lenguaje y su propia poética, la que en este libro ya se manifiesta madura, abriendo una nueva dimensión expresiva del lenguaje poético que transforma la palabra en un dispositivo y en una experiencia que siempre está en fricción con los extremos y los límites humanos: el dolor, la miseria, el hambre, la crueldad enfrentados a la divinidad, la naturaleza, la hermandad y el amor. En palabras de Valente: "Anteparaíso me hace pensar que sólo Parra y Zurita están trabajando en las fronteras mismas del lenguaje, y no dentro de espacios ya descubiertos y conquistados.

Luego de Anteparaíso, en 1984 (año en que también recibe la prestigiosa Beca Guggenheim) aparece un libro con el significativo título de El paraíso está vacío. Al año siguiente, en 1985, aparece Canto a su amor desaparecido. En ambos libros Zurita continúa desarrollando y profundizando su épica del dolor y el sufrimiento, siempre desde la actualidad chilena de la época (en este caso la de los detenidos desaparecidos), y aunque consigna nombres y hechos, no lo hace como un mero cronista: Zurita absorbe el dolor propio y colectivo y lo transmuta en el poema, sirviéndose para ello de un amplio espectro de hablas, desde el habla cotidiana hasta el lenguaje bíblico. La profunda emotividad marca las obras de los años '80 de Zurita, siendo la siguiente en aparecer El Amor de Chile (1987), obra editada en gran formato con fotografías de Renato Sprel. Este libro es un gran canto de amor a los paisajes de Chile y a Chile mismo:

Queridas Montañas

Todas las cosas viven y se aman. Las grandes

montañas y las nieves que se levantan

azules y se miran

Como yo te miro se miran

Como yo te espero se esperan

Te he esperado tanto, se van diciendo unas

a otras las preñadas montañas, arriba,

acercándose...

Toda la eternidad te he esperado, responde

al unísono el horizonte más blanco de

los Andes abriéndose igual que todas

las cosas

igual que tú

a quien ahora saludan estas cumbres

y a quien yo saludo

con la nota más alta de las cordilleras  

En 1993, ya en democracia, aparece Canto de los ríos que se aman, libro en el que Zurita funde el canto de amor a los paisajes con el dolor vivido por los detenidos desaparecidos y sus familias. El libro se inicia con citas de varios textos sagrados, lo que establece el tono del poema. La estructura poética desarrollada por Zurita en sus obras anteriores se ve variada ligeramente, sobre todo por la inclusión de extensos relatos poéticos, más cercanos a la prosa que al verso. Los demás poemas mantienen y extienden la coherencia y fuerza rítmica desarrollada por el autor en sus obras anteriores, en este caso desde potente carga testimonial. Canto de los ríos que se aman forma la primera parte de una obra mayor, La Vida Nueva (1994). Se trata de una obra de tremendas dimensiones, tanto físicas (más de 500 páginas) como poéticas, en la que Zurita funde, reelabora y extiende toda su obra anterior, haciendo emerger desde ella el nuevo material. El autor vuelve a hacer explícita su íntima y fervorosa lectura de Dante, al tomar nuevamente un título proveniente de la obra del poeta italiano, y una vez más dándole un sentido renovado y potente que transforma esta obra en un punto de llegada del viaje poético iniciado con Purgatorio. La obra se articula en tres grandes secciones: Canto de los ríos que se aman, Los ríos arrojados y El nuevo cielo. La obra vuelve a girar en torno a los grandes temas de Zurita, pero esta vez habiendo construido ya un recorrido de obras que profundiza y extiende aún más los alcances de la poética que propone el libro. El autor dialoga con todos sus referentes, entre los que ahora aparece él mismo, lo que genera una resignificación, a través de la cita, de versos y estrofas de libros anteriores, y unifica en un todo integral toda su obra anterior. Además vuelven a aparecer las imágenes del poema que da título al libro: La Vida Nueva, el poema trazado con humo sobre el cielo de Nueva York doce años antes. Este libro monumental cierra con las fotografías satelitales de otra obra de tremendas proporciones, tanto poéticas como físicas: el verso ni pena ni miedo escrito sobre el desierto de Atacama en una extensión de 3140 metros; un gigantesco geoglifo que sólo puede ser observado desde el aire y que fue inaugurado el 11 de agosto de 1993. En palabras del autor:

"…mi poesía va desde una mejilla quemada hasta el verso escrito para siempre en el desierto, 'ni pena ni miedo'…con él cerré La Vida Nueva en 1993. No he sido en ese sentido, un poeta espontáneo. He vivido más de veinte años obsesionado con una idea: el vislumbre de la felicidad. Todo lo que he hecho tiene que ver con eso, con la fuerza y la vida (y la derrota)." "En un mundo donde lo más presente es la pena y el miedo, esa frase creo, es el único deseo vigente." "…empecé a imaginarme escribiendo poemas en el cielo, en las laderas de los cañones, en el desierto."

Luego de la publicación de La Vida Nueva, vinieron seis años de silencio editorial, hasta que en el año 2000 aparecieron los libros El día más blanco (su única incursión en la narrativa hasta la fecha), el extraordinario libro de ensayos Sobre el amor, el sufrimiento y el nuevo milenio, y el poemario Poemas militantes. La llegada del nuevo milenio abrió una época nueva en la obra de Zurita, marcada sobre todo por la aparición de Poemas militantes, libro que generó una gran polémica en la época debido a la estrecha vinculación que se vio entre el poeta y el gobierno de Ricardo Lagos. Hoy en día es casi imposible conseguir una copia de ese libro, y tener acceso al famoso poema a Ricardo Lagos que tanta polémica generó. El hecho es que ese mismo año Zurita recibió el Premio Nacional de Literatura, lo que también hizo que las opiniones se polarizaran, y que muchos atribuyeran el premio no tanto al mérito literario, sino a los vínculos políticos con el gobierno de turno. Lo cierto es que desde su primer libro, la obra de Zurita nunca ha generado indiferencia, sino casi siempre ferviente admiración o rechazo. Pero estos sentimientos polarizados no solo se limitan a la obra, sino también al autor, ya que, como se dijo antes, Zurita siempre se ha encargado de ponerse él mismo en la línea de frente, tanto el lo poético como en lo público, siempre desdibujando la frontera entre obra y autor, y transformándose en un todo indivisible con su trabajo.

En el año 2003 apareció INRI, libro que retoma el hilo de las obras que van desde Purgatorio a La Vida Nueva. El poema trata el tema de los detenidos desaparecidos cuyos cuerpos fueron arrojados al mar desde aviones y helicópteros, y aunque el poeta no abandona sus alusiones al paisaje y al amor, lo hace desde un lugar mucho más íntimo y doliente, estableciendo una escritura mucho más fuertemente vinculada a la repetición y la letanía, y la constante transformación del material poético a través de la micro-variación de las palabras, los versos, y las estrofas completas. Es un libro hipnótico, tremendamente emotivo e íntimo, desarrollado como un murmullo más que como un canto; es decir se acerca mucho más a una larga oración a esas víctimas que desaparecieron para siempre bajo el mar y que cayeron del cielo; por ende el cielo, el mar, las playas y las rompientes son los ejes paisajísticos que Zurita adopta para desarrollar su poema. La intimidad del libro también se ve acentuada por la sobriedad de la edición, la que recuerda incluso a un breviario por su título en letras rojas, con el nombre del autor bajo él en letras negras, todo sobre una cubierta blanca. El libro incluye además varias páginas en braile.

El año 2002, según el propio Zurita, comienza la escritura de una obra extensa que le llevará los siguientes 9 años. Tras cuatro años de trabajo aparece Los países muertos (2006), primer destilado de esta obra mayor en progreso, el cual volvió a generar polémica debido al uso abierto de lenguaje soez. El autor, en una entrevista a Cristián Warnken, defiende esta elección desde llevar al extremo el postulado de Nicanor Parra de usar el lenguaje popular. Zurita plantea que el verdadero arte siempre lleva las cosas al extremo. Luego aparecen los libros: Las ciudades de agua (2008), In memoriam (2008), Cuadernos de guerra (2009), y Sueños para Kurosawa (2010), todos tomados de su obra en progreso. Según el propio autor, la construcción de estos libros no fue simplemente sacar un trozo de la obra mayor, sino rehacer desde ciertas partes un nuevo orden. Es decir, cada libro no es simplemente una parte del libro mayor, sino que es un libro que se sustenta por sí mismo y que tiene sus propias reglas y su propia construcción, aunque esté basado en material previo. El nuevo "gran" libro de Zurita se vino anunciando varios años antes de su aparición, y uno de los títulos provisorios era Mein Kampf, sugerido, según Zurita, por Parra. Luego abandona este título y el libro termina por llamarse Zurita, y es publicado en 2011 por la editorial de la Universidad Diego Portales. Zurita es un libro de 745 páginas, que está dividido en tres grandes secciones: Tu rota tarde, Tu rota noche  y Tu roto amanecer. La obra es sin duda la más ambiciosa y a la vez la más lograda y grande de Zurita. Tiene en común con La Vida Nueva la extensión y el hecho de que se establece como punto de llegada, y también aquí, como en la anterior, el autor trabaja desde la relectura y la reelaboración de todas sus obras anteriores. Emerge desde esa relectura una escritura nueva, uno de cuyos grandes méritos, junto a su belleza y perfección mismas, es la tremenda gran carga emocional que traspasa en su lectura. Da la impresión que cada página se ha sangrado y destilado por un largo tiempo, lo que habla de una obra de madurez, de tremenda originalidad y profundidad, que transforma la lectura en una experiencia vital. Cada sección del libro se abre con una cita de Thomas Mann, que cada vez que aparece surge una leve variación: "Hondo es el pozo del tiempo", "Profunda es la fosa del tiempo" y "Sin fondo es la poza del tiempo". El libro completo está construido alrededor de una fecha: el 11 de septiembre de 1973, siendo las dos primeras secciones el atardecer y la noche del 10 de septiembre, y la última el amanecer del 11. Dentro de estas tres grandes secciones encontramos otras cuyos títulos, reunidos en el índice, conforman un nuevo poema, el cual se encuentra escrito sobre fotografías de acantilados de la costa del norte de Chile que abren y cierran el libro. Al parecer se está estudiando la factibilidad de tallar este poema sobre los acantilados mismos, obra de tremendas proporciones que sería la culminación de las "marcas" poéticas que ha dejado Zurita físicamente; primero sobre su propio cuerpo, en su mejilla, luego sobre el cielo, luego sobre el desierto, y finalmente sobre los acantilados. Estas obras paralelas a sus libros, conforman el todo de su obra, una obra que es una con su autor, y es desde esa unificación que se entiende el título del que, según el propio Zurita, sea probablemente su último libro. En una entrevista hecha por Vivan Lavín, Zurita se refiere extensamente a este libro, y entrega algunas claves importantes para entender lo que hay detrás de él, y a través de ello entender la búsqueda que está detrás de su obra completa: "Zurita tiene ese nombre no porque yo crea que mi vida tiene algo especial, algo particular -nada más ajeno a cualquiera aparte de los ególatras-, sino porque creo que si uno pudiera llegar hasta el fondo de su experiencia, sin autocompasión y sin falsa solidaridad, o sea desnudo, lo más probable es que toques todas las existencias, porque todos somos más o menos metáfora de lo mismo." Es decir, Zurita no busca la autocomplacencia, sino registrar su experiencia profunda, su vida, como forma de vincularse con el otro. Usa su propio ser, su nombre, su experiencia, como una manera de conectar con la realidad de todos los seres humanos, ya que según él señala, no le serviría inventar un personaje ficticio como en la narrativa; él necesita partir de una base real, concreta, que es su propia experiencia. Por eso funde su vida con su obra, y al hacerlo, se funde con sus lectores, y uno es capaz de reconocerse en el dolor, en el amor, en el paisaje a los que Zurita canta, y en ocasiones, ora. Más allá de otras consideraciones, la obra de Zurita es fundamental porque nos hace encontrarnos con nosotros mismos, y genera un reflejo transformador que alcanza los rincones más profundos del ser humano, es decir, su capacidad de amar y su capacidad de odiar, su violencia y su ternura, su amor a la vida y su temor a la muerte. La obra de Zurita es una obra unificadora de la experiencia humana, y ahí es donde radica su importancia y su transcendencia. Nos hace tomar conciencia de lo indefensos que estamos ante nuestros propios miedos, y de lo poderosos que somos cuando abrazamos el amor; ese enamoramiento perpetuo que él relaciona con ese Paraíso perdido e inalcanzable que parece ser el norte y la búsqueda de toda su vida y su obra. "Esto es una respuesta a algo que escribí hace mucho tiempo" dice a Vivan Lavín refiriéndose a Zurita.  En éste, su último libro, él se responde a sí mismo, y en el fondo a todos, sobre esa búsqueda del Paraíso. Aquello que escribió hace mucho tiempo, y que abre el libro, es un texto publicado originalmente en la revista CAL en 1979, del cual se cita este fragmento a modo de conclusión, ya que resume, de alguna manera, lo que es el motor de toda su labor poética:

(...)

Yo trabajo en la obra del Paraíso, pero como uno más en el recorrido de su vida. Y trabajar con la vida es trabajar con la corrección sistemática de la propia experiencia asumida como un borrador de la experiencia que será, de la vida que alguna vez será. Es un proyecto de construcción de un nuevo sentido y de una nueva forma social de experiencia.

Entonces el trabajo en la obra del Paraíso no es sólo un trabajo de arte sino de corrección del dolor de la experiencia. Yo persisto en ello, pero no como un escritor o un artista, o al menos no como eso solamente, sino como un obrero de la experiencia; como un obrero que penosamente trata de ir corrigiendo los borradores de su camino en la experiencia.

(,,,)

Entiendo entonces la obra del Paraíso como una práctica  que desde el dolor, es decir, desde el hambre, desde el terror, desde la soledad, transforme la experiencia del dolor en la construcción colectiva de un nuevo significado.

(...)

Pero la nueva marca en el cielo, no en la cara, ese será el Paraíso.

El alcance de este libro de tremendas proporciones, verdadera summa poética del autor, es algo que sin duda aún no podemos medir, y un análisis detallado de éste es algo que, una vez más, no se está en condiciones de hacer aquí. Simplemente se ha querido exponer, con la mayor claridad posible, el trabajo poético realizado por Raúl Zurita en los últimos 33 años, desde Purgatorio a Zurita, haciendo hincapié la importancia que ha tenido su trabajo para la escena poética chilena e hispanoamericana, y tratando de dejar en claro la razón por la cual se le considera uno de los más importantes poetas chilenos vivos. Su labor e influencia en la poesía y en la acción de arte; su influencia en la sociedad a través de sus ensayos y de su labor pedagógica, son de una tremenda importancia para el mundo cultural de nuestro país, y para la sociedad en general. No por nada su nombre ya se ha inscrito en el inconsciente colectivo de muchos chilenos, y su vida y obra sin duda seguirán siendo objeto de estudio y admiración, y sin lugar a dudas, también de polémica. Pero cómo el mismo dice, el verdadero artista lleva las cosas al extremo, y esa opción nunca genera indiferencia, para bien o para mal.



*    De "Zurita o la cicatriz perdida", Revista de Libros de El Mecurio, Domingo 6 de mayo de 2007.

*     Purgatorio, Ediciones UDP, 2007, pág. 32.

*     Anteparaíso, Ediciones UDP, 2009, pág. 93.


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