Business Hotel (2012, rev.2018) — Cuento
para Carlos Lloró Sosa La sinuosidad de la escultura de madera, pulida hasta el hastío y barnizada con pulcritud, enjaulada perfectamente en su prisión de cristal por encima del único sofá del lobby del hotel, daba la impresión de tener mejor cabida en el salón de un museo que en aquel lugar donde, siguiendo tal vez la mejor o la peor de las tendencias del diseño de interiores, exhibía su brillo cristalizado. Un hombre de traje oscuro con una corbata púrpura franqueó la puerta de vidrio, abierta con solicitud por el botones. Se dirigió directamente a la mesa de recepción, sin reparar en ningún momento en la decoración o en las pocas personas que allí había a esas horas de la noche. Preguntó si había recibido correspondencia. La respuesta del recepcionista fue negativa. El hombre de traje comenzó a esbozar una mueca que, de no haberse volteado inmediatamente en aquel momento en dirección del ascensor, hubiese podido convertirse en una mínima sonrisa. Esperó a que la puerta ...